Vivimos en una sociedad en la que hablar mal de los cuerpos gordos es socialmente aceptado, incluso cuando se disfraza de “preocupación por la salud”. Bajo frases como “es por tu bien”, “piensa en tu corazón”, “yo solo quiero ayudarte”, se perpetúan discursos de control, culpa, patologización y violencia que poco o nada tienen que ver con el cuidado real.

Y lo más preocupante: buena parte de esta violencia está avalada por el sistema sanitario y por una ciencia médica que históricamente ha sido gordofóbica.

¿Qué significa que la medicina o la ciencia sea gordofóbica?

Decimos que la medicina es gordofóbica cuando:

  • Asume que el peso es la causa de todos los males, sin investigar otras variables ni síntomas.
  • Niega tratamientos a personas gordas hasta que adelgacen, aunque esos tratamientos no tengan relación directa con el peso.
  • Utiliza el IMC (Índice de Masa Corporal) como criterio diagnóstico a pesar de sus múltiples limitaciones, sesgos racistas, sexistas y clasistas.
  • Prescribe pérdida de peso como único tratamiento, ignorando que no existen métodos seguros, sostenibles y eficaces a largo plazo para lograrlo.
  • No adapta equipos, mobiliario o pruebas diagnósticas a cuerpos grandes, dificultando el acceso y la dignidad en la atención sanitaria.
  • Ignora la evidencia científica que cuestiona la relación directa entre peso y salud, especialmente en cuanto a causalidad.

En lugar de ofrecer acompañamiento compasivo, información completa y atención integral, se culpabiliza a las personas gordas por su propio estado de salud y se medicaliza su existencia.

¿Y si no es “preocupación”, sino control?

Frases que muchas veces se pronuncian con “buenas intenciones”:

  • “No quiero que te pase nada, deberías cuidarte más.”
  • “Me da miedo que te dé un infarto.”
  • “Es que ser gordo no es sano.”

En realidad, suelen encubrir:

  • Juicios estéticos disfrazados de ciencia.
  • Proyecciones propias de miedo, culpa o gordofobia internalizada.
  • La creencia de que los cuerpos deben ser delgados para merecer respeto, acceso, cuidado o amor.

Preocuparse por la salud de alguien no debería implicar avergonzarlo, invalidarlo ni humillarlo.

El verdadero cuidado implica respetar la autonomía corporal, ofrecer apoyo si se pide, y no usar la salud como excusa para ejercer violencia.

¿Qué dice la ciencia realmente?

Hay una creciente base de evidencia que sostiene que:

  • La salud no puede reducirse al peso corporal. Existen personas gordas sanas y personas delgadas con problemas de salud.
  • El estigma pesa más que la grasa. El estrés crónico derivado de la gordofobia tiene efectos fisiológicos reales: aumenta el cortisol, la presión arterial, y puede influir en la salud cardiovascular y metabólica.
  • La pérdida de peso no es un comportamiento, sino un posible resultado. Y no siempre ocurre, ni es mantenible, ni es segura para todos los cuerpos.
  • El enfoque HAES (Salud en Todas las Tallas) ha demostrado beneficios en marcadores de salud física, salud mental, autoestima y relación con el cuerpo, sin promover la pérdida de peso como objetivo.

¿Por qué esto también es una cuestión de justicia social?

La gordofobia no afecta a todos los cuerpos gordos por igual. Se agrava cuando intersecciona con otros sistemas de opresión:

  • Las mujeres, personas racializadas, trans y no binarias sufren un escrutinio mayor sobre sus cuerpos.
  • La clase social condiciona el acceso a alimentos, tiempo, servicios médicos o espacios seguros para moverse.
  • Las personas neurodivergentes pueden experimentar una relación particular con el cuerpo, la comida o la sensibilidad al movimiento, y son aún más vulnerables al juicio y al maltrato médico.

¿Qué podemos hacer?

  • Dejar de hacer comentarios sobre cuerpos ajenos, incluso “por su salud”.
  • Revisar nuestras propias creencias sobre peso, salud, alimentación y ejercicio.
  • Acompañar a personas gordas desde el respeto, no desde la vigilancia ni la lástima.
  • Exigir un sistema sanitario que trate con dignidad a todos los cuerpos, sin excepción.
  • Buscar profesionales que trabajen desde enfoques no pesocentristas, HAES y neuroafirmativos.

En nuestro equipo trabajamos para desmontar estas violencias, y acompañamos a las personas a reconstruir su salud desde el respeto, la evidencia científica y la soberanía corporal.

👉 Si estás harta de que todo se reduzca a tu peso, si sientes que te han juzgado más que escuchado, o si buscas recuperar el vínculo con tu cuerpo sin violencia: estamos aquí para ti.


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